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"LOS NUEVOS POLÍTICOS"
 Lic. Ernesto Jorge Tenenbaum
 5 de Febrero de 2002

.- Existe consenso acerca de la crisis definitiva de la clase política que ejerció como tal desde la restauración de la democracia, en 1983. Con alguna excepción, la dirigencia tiene muy poco que ver con la activa discusión política que viene desplegando la sociedad Argentina. En rigor, la mayoría de los políticos ni siquiera puede aparecer en público, porque ser conocido -antes un valor social- se ha transformado en una carga difícil de sobrellevar.

.- Recientemente, la Iglesia dijo que le gustaría que "todos los dirigentes fueran mucho más conscientes de que la crisis de representatividad es muy profunda", al tiempo que se preguntó "cómo generar cambios con los mismos protagonistas que generaron la crisis actual". "Es una de las claves más difíciles de resolver", se sinceraron los Obispos.

.- El desafío no es menor, porque de lo que se trata es de re-construir una Nación agobiada por la parodia de la democracia y la parodia de la representación. De lo que se trata, en fin, es de pensar un sistema institucional nuevo, que dé luz a nuevas formas representativas, al tiempo que brinde nuevos canales de participación que está reclamando la ciudadanía.

.- ¿Habrá que tirar a los partidos políticos tradicionales por la ventana? ¿Por qué los nuevos partidos sólo gozan de legitimidad unas pocas elecciones? ¿Se podrá hacer política sin políticos? La nueva política, los nuevos políticos, ¿dónde construirán su legitimidad para construir los nuevos caminos que se reclaman?

.- Por todo ello, creemos que es cada vez más claro que el mejor camino sería que los nuevos políticos surgieran de la convergencia de dos procesos: a) la "maduración política" de los nuevos liderazgos sociales; b) la renovación de los partidos políticos.

.- Un elemento clave para la comprensión de esta Argentina que está naciendo es la movilización popular: en los piquetes, las Asambleas, las marchas, como así también en las organizaciones solidarias. Puede constatarse una fuerte presencia de jóvenes, y creemos, y apostamos, a que esta predisposición a participar no tiene vuelta atrás, que nació para quedarse.

.- Su propia dinámica los conectará cada día más con las cuestiones generales de la sociedad, pues comprenderán que sólo desde ese lugar se resuelven los legítimos reclamos sectoriales. Es decir, se acercarán a la política, y comenzarán a entender las razones inherentes a este arte. Que incluye, entre muchas otras cosas, el reconocimiento del otro, la negociación, la concesión, la postergación de demandas, la evaluación correcta de la relación de fuerzas.

.- Los partidos políticos deberán asumir que terminó una época. Que la historia, de nuestro país y del mundo, muestra que ninguna estructura puede sobrevivir mucho tiempo cuando pierde el sentido que le dio origen. Subsistirán aquellos que sean capaces de producir en sí mismos cambios profundos, que los acerquen a los ciudadanos que hoy los rechazan. No debe ser en esto un tema menor el asumirse como centros de formación intelectual y ética.  

E
stas, lo sabemos, no son las posiciones que hoy predominan.

De un lado, un revival de ideas relacionadas con la  democracia directa o con los movimientos sociales, todo en reemplazo de la representación y los partidos políticos.

Del otro, un no querer aceptar la realidad, aferrándose a las conductas conocidas y esperando que todo pase, como una breve tormenta veraniega.

Quienes hoy rechazan en bloque coreando "que se vayan todos"  tendrán, más tarde o más temprano, que buscar expresar políticamente sus demandas. Si generan multiplicidad de pequeños partidos, el efecto será un mayor margen de maniobra para los poderes no expresamente políticos que existen en la sociedad. Si generan nuevos grandes partidos, estos no escaparán a las contradicciones dictadas por su propia naturaleza organizacional.

Quienes no comprenden el fin de una etapa, marchan rumbo a su Waterloo. Su fin será similar al de aquellos que creían poder superar las falencias que dejaron los '90 con tímidas cosméticas.

.- Los nuevos dirigentes deben tener virtudes de las cuales carecen muchos de los actuales, y evitar defectos hoy casi generalizados. Entre estos últimos cabría citar al cinismo, en el sentido de usar con desprecio el supuesto poder que le da el haber visto los reversos, el poder del que en nada cree; el sentimiento de impunidad, del cual ya se habla cotidianamente; el poner la astucia por encima del trabajo, la picardía sobre el esfuerzo, la ignorancia sobre el saber, el pragmatismo sobre las ideas o las consideraciones morales.

.- Busquemos gente que aúne capacidad de diálogo con decisión y ejecutividad cuando sea necesario; idoneidad para el cargo, desde un punto de vista técnico; austeridad para el ejercicio de la gestión y en su imagen personal; y coherencia, porque si da lo mismo estar hoy a favor y mañana en contra, si el oportunismo vuelve a ser premiado, será muy difícil convencer a nadie que hay que apoyar un proceso que viene a desterrar vicios y generar algo nuevo.

.- Ligado al cambio de protagonistas, deben cambiar los procedimientos políticos; por ejemplo: la acción política entendida sólo como búsqueda de espacios, poniendo "leales" aunque sean inútiles; sin pensamiento a largo plazo, se buscó sólo la  ganancia inmediata y la necesaria cuota de fuerza; el clientelismo, la compra de voluntades, ya no tendrá razón de ser; se deben combatir las recurrentes recaídas en el sectarismo y el dogmatismo; la relación básica a fomentar no debe ser el conflicto, sino la solidaridad, y en función de ello ver a lo político como actuar y poder en común, anterior a la relación mando-obediencia.

.- No es válido simplificar el tema de los nuevos dirigentes como una cuestión generacional: hay "jóvenes viejos" y también "viejos jóvenes". En particular, en la Argentina de los últimos años las nuevas generaciones crecieron bajo paradigmas que fomentaban la admiración por la farándula o los ricos y famosos, la frivolidad, el desprecio por la cosa pública, la ausencia de ideales. Incluso quienes militaron en las organizaciones estudiantiles fueron enganchados por las prebendas, el culto a la trampa y el facilismo.

.-  Todo esto hace que quienes se propongan refundar la Nación (porque esto se necesita, y no sólo alguien que conduzca el Estado) deberán conducir este proceso. Que es parte esencial de la "transición" en la cual se reconoce estar. No es maquillaje gatopardista, es cirugía y parto. La imagen sola no es suficiente. Debe haber algo sólido tras el montaje, pues si no el público ve muy pronto lo que hay detrás de la apariencia.

.- Para el momento actual y el ámbito nacional, hay que recordar siempre que la acción política no es sólo planes técnicos y decisión, sino también un problema cultural: interpretar, establecer, conducir, una cultura política. Ello implica no limitar la política a la formulación de programas y a la toma de decisiones, aunque algunos politólogos así lo entiendan. La vida política incluye principalmente la "atmósfera" o cultura política que impregna, induce y da sentido a todas las acciones vinculadas con el campo de lo político.

.- Quienes se planteen conducir deberán reflexionar en que la raíz de "autoridad" se relaciona con "augere"  que significa "hacer crecer". Deben hacer crecer lo nuevo. En la misma dirección, en relación con la noción de "autor", no perder de vista que la tarea de quien  conduce es crear, crear siempre, estar siempre predispuesto a crear. Sólo así tendremos éxito, y sentaremos las bases para que alumbre una Nueva Argentina.
                                                                                
 



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