|
|
|
|
|
|
Buenos
Aires-Argentina, 31 Marzo 2002 (Página/12-Cash)
Comida x diez
Por Roberto
Navarro
En Argentina se
producen granos cereales y oleaginosos; carne vacuna, porcina,
ovina y caprina. También aves y huevos; hortalizas y frutas;
azúcar y miel. Además se capturan peces, moluscos y
crustáceos. Y la lista sigue. En la extensa geografía nacional
se producen centenares de variedades alimenticias. Con datos
de la Secretaría de Agricultura, la Facultad de Agronomía de
la UBA y cámaras sectoriales y de especialistas de la
universidad estatal, Cash armó el mapa de la producción de
alimentos básicos del país. Y el resultado es sorprendente: en
total, este año se producirán 99 millones de toneladas,
cantidad suficiente para alimentar a 330 millones de personas.
Es decir, que con esa producción se podría alimentar a una
población casi diez veces más grande que la que habita la
Argentina. Sin embargo, hoy más de cinco millones de
argentinos no pueden consumir los nutrientes imprescindibles.
Con la maxidevaluación, la situación empeoró. En la medición
de mayo próximo, aun tomando los bajos niveles de inflación
que registra el Indec, la cantidad de indigentes se elevaría a
casi siete millones de personas.
La producción de
trigo alcanza para elaborar un kilo de pan por día para cada
habitante del país. Según el doctor en nutrición Sergio Britos,
docente de la UBA, "Argentina produce el equivalente a 19 mil
calorías diarias por persona. Pero sólo consume en promedio
2300. Con lo que sobra alcanza para alimentar a casi 300
millones de personas más". La producción nacional, según los
especialistas, no sólo es rica en cantidad; también en calidad
y variedad. Sin embargo, un estudio realizado por el
Ministerio de Salud en 1999 reveló que el 12 por ciento de los
menores de seis años que se atendía en hospitales públicos
padecía problemas psicomotrices por encontrarse
subalimentados, el 2 por ciento sufría de desnutrición aguda:
pesaba mucho menos de lo que indicaban su edad y talla. Y el
40 por ciento estaba anémico. Tres años después y con los
precios de los alimentos aumentando a diario, los
especialistas aseguran que esos indicadores han empeorado.
La definición más
elemental de economía dice que es la asignación eficiente de
los recursos escasos. En Argentina no se asigna eficazmente ni
la abundancia. Se producen 25 millones de litros de leche
diarios y se está recibiendo leche en polvo donada por
españoles e italianos. El motivo principal de esa sinrazón es
la impresionante inequidad en la distribución de los ingresos.
Proceso que comenzó en 1976 y se agudizó en la última década.
Sólo desde 1998, cuando comenzó la recesión, la desigualdad
creció un 70 por ciento. Hace cuatro años el 10 por ciento más
rico ganaba 19 veces más que el más pobre. En la actualidad
gana 34 veces más, según proyecciones del economista Claudio
Lozano.
Cuando los
necesitados son tantos, no hay política social que alcance.
Cash accedió a un estudio de la FAO, el organismo de las
Naciones Unidas que se ocupa de los problemas mundiales de
alimentación, que revela que los alimentos que se entregan en
los planes sociales en Argentina "son ricos en calorías,
calman el hambre, pero no contienen las proteínas necesarias
para que los menores se desarrollen plenamente". "Esa carencia
la pagarán en el futuro", concluye el informe.
Con un dólar
cercano a los tres pesos, los alimentos podrían aumentar más
de un 50 por ciento. Aunque la inflación se mantuviera en los
niveles que registró el Indec en enero y febrero, la cantidad
de alimentos que consumirá la población se deteriorará
fuertemente. El Instituto de Estudios y Formación de CTA
realizó una proyección en base a la inflación del primer
bimestre, tomando en cuenta la ponderación de la canasta
básica de alimentos en los deciles de menores ingresos. La
conclusión es que en mayo próximo habrá 17 millones de pobres
y 7 millones de indigentes. Y en octubre, 20 millones de
pobres y 9,4 millones de indigentes. Salvo que medie un
aumento de salarios o una caída de la desocupación. Escenarios
bastante improbables. En menos de dos meses la devaluación
enriqueció a unos pocos y empobreció a muchos otros.
Productores y multinacionales que exportan la producción
agropecuaria van a tener, aun con retenciones, una
rentabilidad elevadísima. Como la parte de la producción que
comercializan en el país la venden al mismo precio que la que
exportan -valor que casi se triplicó por la devaluación-, los
alimentos están aumentando. Y el menguado poder adquisitivo de
los pobres baja. "El que tiene que mediar entre el precio del
dólar y las necesidades de la gente es el Estado", señaló a
Cash Roberto Dvoskin, docente de la Universidad San Andrés.
"Se pueden crear organismos como la Junta Nacional de Granos,
que existió en el pasado, para intervenir en el mercado
regulando el precio. A la vez, el Estado debe conseguir que
las grandes cerealeras, que comercializan la mayor parte de la
producción agropecuaria, actúen responsablemente, tanto en la
relación con los productores como en la liquidación de
divisas". Para el economista, la gravedad de la situación
indica que, si es necesario, "habrá que nacionalizar
temporariamente el comercio exterior".
Durante gran parte
de la década pasada los productores agropecuarios sufrieron
penurias. En 1992 y 1993, con buenos precios internacionales y
bajas tasas de interés, se endeudaron invirtiendo en
maquinarias para modernizar la producción. A partir de 1994
los precios de los granos se desplomaron y las tasas se fueron
a las nubes. En total hay diez millones de hectáreas
hipotecadas con el sistema bancario. Miles de pequeños
productores ya perdieron sus tierras. Otros esperan salvarlas
gracias a la devaluación que valorizó su producción. Ahora
luchan para que el Gobierno no siga subiendo las retenciones a
las exportaciones para no perder una porción de las ganancias
extraordinarias que esperan conseguir.
Canadá y Australia,
dos grandes productores de alimentos como Argentina,
solucionaron el problema de estos picos de precios, que un año
funden a los productores y el otro disparan los precios
internos, regulando la comercialización. Crearon organismos
que intervienen en el mercado para conseguir un precio
estable, que aliente la producción y no genere efectos
inflacionarios en sus mercados internos. En el país, la
comercialización está concentrada en unas pocas cerealeras,
Cargil, Monsanto y Bunge, entre ellas, que ganan siempre,
porque son intermediarias y trasladan al mercado interno todo
el peso del alza de los precios.
El aumento de las
retenciones a las exportaciones agropecuarias viene a
compensar en parte los efectos de ese problema. Pero aun así
la suba de los granos y otros alimentos primarios superará el
100 por ciento. Incremento que redundará en un ajuste de la
canasta básica alimenticia de aproximadamente un 50 por
ciento. Los más pobres, los que están a punto de caer en la
indigencia, utilizan el 80 por ciento de sus ingresos en la
compra de alimentos. Así, por más que habiten en una país que
produce más de 11 millones de toneladas de verduras y
hortalizas anuales -cantidad suficiente para que consuma un
kilo por día toda la población- y dos millones de toneladas de
carne vacuna, conviven con el hambre.
Alimentos Pobreza
En total, este año se producirán 99 millones de toneladas de alimentos básicos, cantidad suficiente para alimentar a 330 millones de personas.
Con esa producción
se podría alimentar a una población casi diez veces más grande
que la que habita la Argentina.
Sin embargo, hoy
más de cinco millones de argentinos no pueden consumir los
nutrientes imprescindibles, que se elevaría a siete millones
si los precios siguen subiendo.
El motivo principal
de esa sinrazón es la impresionante inequidad en la
distribución de los ingresos, proceso que comenzó en 1976 y se
agudizó en la última década.
Hace cuatro años el
10 por ciento más rico ganaba 19 veces más que el más pobre.
En la actualidad gana 34 veces más.
El Estado es el
actor que debe intervenir entre producción excedente,
devaluación, precios de alimentos en alza y caída del poder
adquisitivo de la población.
EL PEZ GRANDE SE COME AL CHICO
Por Roberto Navarro.
Cuando yo era chico, mis abuelos ordeñaban las vacas,
refrescaban la leche en unos piletones y la envasaban en
tarros de 20 litros", relató a Cash Horacio Delgui,
presidente del Frente Agropecuario Nacional. "Con el carro
la llevaban hasta el tren que la repartía por los pueblos.
En las estaciones esperaban los lecheros que la entregaban
casa por casa. Se repartían la ganancia: 60 por ciento para
el tambero y 40 por ciento para el lechero. Con la
industrialización primero, y luego con la llegada de los
hipermercados, al tambero sólo le queda el 10 por ciento del
precio de venta. En Europa los tamberos reciben el 40 por
ciento". El relato de Delgui es representativo de la mayoría
de los sectores del campo. Argentina es uno de los primeros
productores agropecuarios del mundo, pero muchos de sus
ruralistas están fundidos.
La falta de regulaciones estatales permite que sean los
intermediarios los que se quedan con la mayor parte de la
rentabilidad agropecuaria. En el mercado interno, los
hipermercados, que concentran el 70 por ciento de la venta
de alimentos, imponen los precios a las industrias y a otros
intermediarios, que terminan presionando a la baja los
precios que reciben los productores. Un caso paradigmático
es el del mercado de verduras y hortalizas. En el país se
producen 11,2 millones de toneladas: el 40 por ciento se
tira, por falta de un encadenamiento logístico que permita
que los productos se mantengan frescos. Las mismas cadenas
de hipermercados que en Europa invirtieron en equipamiento
tecnológico que les permite aprovechar al máximo la
producción, en el país tiran casi la mitad de lo que
compran. Lo hacen porque pagan tan barata las verduras y
hortalizas, que de todas maneras consiguen excelentes
ganancias. La producción la hacen pequeños agricultores, que
viven en la pobreza, o empresarios que utilizan mano de obra
esclava, reclutada entre inmigrantes latinoamericanos.
Los productores agropecuarios les compran todos los insumos
a las multinacionales cerealeras: herbicidas, pesticidas y
semillas. Los precios son en dólares, incluso el de las
semillas que se producen en el país. Luego de la cosecha, la
comercialización varía de acuerdo con el tamaño del
productor. Los grandes tienen sus propios silos para guardar
el grano hasta que los precios suban. En el momento
conveniente se sientan a negociar con la cerealeras. Los
pequeños productores, en cambio, deben vender el grano ni
bien lo cosechan, todos al mismo tiempo, porque no tienen
dónde almacenarlo. En las épocas en que el precio
internacional lo permite, les alquilan un espacio a los
acopiadores (dueños de los silos), que así les rebanan una
buena parte de la ganancia.
Con el apremio de tener que cancelar hipotecas para no
perder sus tierras, la mayoría de los pequeños productores
vendió sus cosechas a un dólar de 1,40 en enero. Las grandes
explotaciones agropecuarias, los acopiadores y las
cerealeras esperaron que llegara la libre flotación que
Remes Lenicov se encargó de anunciar al tiempo que fijaba la
paridad a 1,40. Ahora están vendiendo a 2,80. Es decir que
los intermediarios se alzaron con una ganancia del 100 por
ciento en dos meses.
En su libro Las uvas de la ira, John Steinbeck describe las
penurias de los campesinos norteamericanos que perdieron sus
tierras a manos de los bancos durante la depresión de 1930.
Después de haber vivido de la tierra por varias
generaciones, la crisis los condenó a mendigar comida por
las calles. La situación argentina es similar. En los
últimos cinco años la cantidad de explotaciones
agropecuarias se redujo un 30 por ciento. Miles de pequeños
productores terminaron vendiendo sus tierras a otros más
grandes o perdiéndolas por no poder levantar las hipotecas.
La mayoría puebla las villas miserias de Buenos Aires y
Capital Federal y ahora no tiene ingresos suficientes para
comprar alimentos.
|
|---|
|
|
PALERMOVIEJO.NETFIRMS.COM no se responsabiliza ni directa ni indirectamente sobre el material publicado en este portal que fuera extraído de diarios , revistas , televisión , radios y demás medios periodísticos, ni por las ideas o conceptos vertidos por diferentes personas a través de sugerencias, comentarios y propuestas . Tampoco se hace cargo sobre quejas , disputas , denuncias , daños o problemas legales , psíquicos , morales ni de cualquier otra índole que puedan surgir de la publicación del material recibido. Todo aquel que se sienta perjudicado por el contenido de algún articulo/opinión podrá pedir a palermoviejo.netfirms.com la publicación de su descargo.