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Asamblea Vecinal de Palermo Viejo - Lecturas recomendadas

 

La Asamblea de Palermo realiza La Trama

Momentos de un fin de semana distinto

 

I.Sábado 25 de mayo, amenaza llover. En un boliche cedido como cuartel general de la comisión organizadora: 
11 hs --¿Cómo va todo? 
--Parece que más o menos, nos vinieron a decir que la clase de danza no se hizo, vamos a tener que hablar con la mina; esto no se hace, este no era el espíritu de La Trama. 
11.30hs  --¡Tengo miedo, me parece que no va a venir nadie!... 

--No se habla de eso, como dice Juan : “¡que no decaiga !”
12.30hs --Parece que en la mesa de Honduras y Bompland se necesitan refuerzos, hay mucha gente pidiendo información de la asamblea, en el otro taller  ya había  gente esperando y  llegó la responsable, vamos bien… 
Entre la proliferación de afiches, mapas barriales y volantes y  las facturas traída por una vecina esperamos noticias de las recorridas de los otros, atendemos a los vecinos que se acercan, mientras corregimos por milésima vez la grilla hecha por los compañeros de la comisión de cultura que me había maravillado: la olla popular,  la comida ofrecida por un boliche de comida vietnamita debía pasar al domingo…De paso agregamos un taller de magia ofrecido a último momento en afiches improvisados. Vienen muchos padres con nenes chicos.

II.- A la tarde… son las 16hs. Estamos en una mesa de difusión, no damos abasto con los pedidos de información, algunos preguntan por la asamblea, otros por las actividades y preguntan si se va a repetir todos los fines de semana. No me tengo que olvidar de la información de la propuesta del  lago Pacífico para resolver el problema de las inundaciones, la gente pide firmar en apoyo, sin que se lo pidamos. Se nos acaban los hermosos dibujos del proyecto, se los quieren llevar, tenemos que mostrar uno que queda en la mesa…Preguntan por qué es todo esto, les hablamos de la asamblea y de lo que planeamos para este fin de semana; preguntan para qué son las firmas acumuladas, les explicamos que son para impedir el aumento de tarifas de las empresas privatizadas. No me llama la atención que firmen, sino la buena onda, los chistes, que hacen al firmar, al pedir folletos y volantes. A esta hora son muchos los que no son del barrio y estudian el programa con el mapa. Hay vecinos de Caballito, de Balvanera, de Flores, de Pompeya, de Ramos Mejía; casi todos vecinos de Palermo, o de otros barrios. Aceptan dejar los datos en las planillas que elaboramos en la comisión, otros que ven a los firmantes, piden “¿dónde hay que firmar?, yo quiero dejar mis datos, no soy del barrio, pero igual me quiero enterar de lo que se haga, en mi barrio no sé si hay algo así de asambleas”.Yo no tengo computadora pero mi hijo sí… mándenle a él  (y se va a preguntar al auto cómo son esos datos del mail).  
Me empiezo a encontrar conocidos, algunos pasan en autos, chusmeando a ver qué pasa, otros vinieron especialmente. Yo mandé la propaganda a las listas de las que participo o a aquellos que creía que les iba a interesar, pero de esos no veo a nadie. (Siempre me sorprende conocer mucha gente en Buenos Aires, como si no hiciera muchos años que vivo acá pero la subjetividad de migrante no me fue fácil de cambiar en Buenos Aires. Quizás pueda ahora, entreveo que algo de la era pos-dictadura quedó atrás, después del 20 de diciembre…este estar en un barrio donde la gente deja sus datos en una planilla sin miedo a que lo fichen los milicos y sin ese otro temor a que lo persigan los militantes políticos… quizás…)
Acompaño a unas amigas a una charla, que estamos tratando de difundir, porque no sabemos cuánto convoca: es la de “Servicios públicos, negocios privados”, acerca de las privatizaciones. Ya perdí la cuenta de quién la coordina y quién la propuso, son más de 200 actividades,  secretamente temo que no vayan muchos a todos lados y que la gente que hace la tarea u ofrece una clase, un espectáculo, se sienta muy frustrado. Voy hacia el bar donde se había anunciado esa mesa, para ver si conviene hacer número; al llegar ya veo a más de veinte personas que durante la primera intervención se hacen cuarenta, decido volver a ayudar a la compañera que había quedado sepultada en la mesa entre vecinos interesados, se nos han terminado por segunda vez los programas. Me pregunto si estaremos dando de más, ¿tendremos muchos más? Los boliches del barrio donaron resmas,  además de poner sus paredes para las exposiciones, sus sillas para las mesas debates y  sus vasos de agua para los que no quieren o no pueden consumir un café.  Me doy cuenta de que he hecho un viraje: de creer que no va a haber gente en las actividades a suponer que mañana van a venir muchos más que hoy, ¡me he puesto de nuevo optimista! Además, me repito: el objetivo no es el número sino la calidad del intercambio y sigo tranquila dando información junto a mi compañera que suspira aliviada por mi vuelta. Le acercan su bebé a la mesa. Ella no ha podido estar en ninguna actividad, no creo que lo pretenda, yo a esta altura tampoco, sé que mi marido debe haber terminado el taller de canto, lo llamo y me alegro: ¡salió bárbaro!.     
Me voy a casa a bañarme y a nebulizarme un poco, no puedo hablar más con tanta humedad. Voy caminando y me cruzo con gente que camina buscando direcciones de talleres, de mesas debates, todos con la grilla bendita en la mano (tan y tan corregida que en mi carpeta de la computadora hay nueve versiones de ella), con el mapita y con una sonrisa. Como tengo todavía colgada la identificación me preguntan por los lugares, debería haber estudiado más las actividades, son tantas que tengo un barullo, agradecen mis pocas orientaciones:  “Es una maravilla la organización, ¿cuánto tiempo estuvieron planeando esta movida?”  

 III,- Recuerdo cómo me incluí en La Trama. Aunque participaba de la asamblea de Palermo Viejo desde hacía varios jueves, no me había podido incluir en ninguna comisión. Mi experiencia hasta ese entonces era contradictoria: entusiasmada pero preocupada por el rumbo que tomaría la cosa: muy conmocionada, algo de eso relaté en una confidencia en forma de artículo, que mandé a Campo Grupal. Decidí sumarme a la comisión de cultura porque los veía hacer de una manera muy entusiasta y muy horizontal. Solía coincidir con la forma de intervención de Pedro, que estaba en la organización de eso, lo escuché hablar  de La Trama y me anoté, parecía que había una apuesta fuerte y la modalidad de realización horizontal e independiente me tentaba. Además: el milagro era que podía ir a las reuniones, todo bien. Cuando me ofrecí lo hice suponiendo que iba a ayudar en lo que sé: el armado de dispositivos grupales amplios, para que hubiera una participación importante, No llegué a hablar de mi “expertéz” en los grupos, creo que ni la conocen. En una de las primeras reuniones presencié y empecé a participar de la discusión del Logo: fue una experiencia alucinante ver a toda la comisión discutir el trazo, la letra, las intersecciones de las calles, graficadas en el logo y ver pobre diseñador gráfico que había hecho un hermoso desarrollo, guardar sus dibujos escuchando que le decían: “ahora tenés todas las ideas que se generaron con tu logo, esperamos que las sintetices para la próxima vez.” Fue  muy lindo ver cómo se discutió defendió y fundamentó cada trazo, del logo  y muy satisfactorio ver llegar el próximo logo. Yo pensaba en las viejas experiencias de los institucionalistas, pero me fui más atrás y hasta recordé las discusiones provocadas  por la revolución cultural china.

 Algo me preocupaba: que prevaleciera cierto espíritu mediático en el sentido de jerarquizar la presencia en los medios, más que la trama que se pudiera construir entre los vecinos del barrio. Pero como no son tiempos de tanto resguardo personal, me guardé mi saber sobre los grupos, no me ofrecí para moderar ninguna mesa, lugar conocido para mí; me interesaba realizar la experiencia, al fin y al cabo ¿no escribimos sobre lo impredecible de los actos de subjetivación?

Desde algunos participantes de las asambleas de los jueves, se expresaron en un principio reservas e incluso discusiones acerca de lo fashion de los boliches y de las actividades en esta situación de hambre del país, etc. No se decían pavadas, ni se decían de mala leche. Me pareció que ese riesgo se afrontó con seriedad, tratando de discutir el llamado espíritu de La Trama, cada vez que era necesario. Lógicamente a esta altura no soy muy ingenua y esa tensión sigue atravesando nuestro agrupamiento: el barrio es un poco fashion, pero en lugar de la culpa pequeño burguesa, de la que hablábamos en otras épocas (desde otras subjetividades), había una apuesta a tramar con todo el barrio, un lazo que los conectara. En el imperio del mercado y de las prácticas neoliberales, esto  no es poco, me dije. Lo importante era que se produjera una conexión verdadera, que armara vínculos entre los vecinos. Algunos  rechazos se potenciaban, como supondrán los que tienen experiencia en grupos, al topar con la maravillosa y entusiasta pertenencia al proyecto que tenían los compañeros de la comisión de cultura. Diríamos en los cenáculos psicoanalíticos “pura ilusión grupal”: “somos bárbaros, dale, un esfuerzo más y llegamos, vamos compañeros, a ponerse las pilas”. La cosa avanzaba y en cada reunión de abril, se agregaban actividades, a algunos nos asustaba la simultaneidad de actividades, pero ¿no es esa una característica de esta nueva manera de ser del mundo? Me decía: el problema es la velocidad, porque hay que darse un tiempo para efectuar un vinculo: ¿podríamos?.    

IV.- Al ir de casa al boliche donde Juan Palomino (otro vecino) y su padre van a leer poesía veo mucha gente en la mesa que evoca el 25 de mayo del 73, no entran en el bar que les habíamos destinado. Un poco después me encuentro a mis amigas, (antiguas militantes de la JP supongo), que habían estado en la mesa y siguieron el recorrido satisfechas de haber compartido recuerdos y emociones. No me pongo a explicar que la operación historiadora no se hace con memoria, lo dejo  para otro día…ya me han escuchado tantas veces, creo además que no necesitan que se los diga yo, que están de acuerdo. Las dejé disfrutar del compartir y nos  encaminamos a escuchar la poesía cuzqueña.

La noche del sábado termina con locro y música, en casi todos lo boliches, escuchamos a una compañera de la asamblea, que canta y no deja de invitar a los presentes a participar en el barrio. Es tanta la gente que no tenemos lugar y terminamos con varios “activistas” (como dice Mabel Belucci, este nombre es mejor que el de militante para esta manera de la participación)  compartiendo unos vinos en casa. La charla de esa noche significó un acontecimiento en sí: empezamos a revisar las objeciones que había habido a las actividades de La Trama y terminamos tramando una manera de acordar con los cartoneros del barrio, y los restaurantes de la zona, la posibilidad de viandas para aquellos que las necesitan. La idea fue producto de la trama que se estaba armó allí. Lo  tomamos  de un restaurante que ya lo hace. La dueña había dicho: “acá no se tira nada, lo metemos en unas bandejitas y las apilamos, después que cerramos las entregamos”. Algunos comentan: “Ahora queda ver cómo se puede generalizar, expandir, sostener, es un compromiso grande”… “No se puede lanzar la idea hasta no estar seguro de sostener la cosa…” Pienso en esa nueva manera del compromiso personal que se genera en la asamblea: ya no se sostiene proponer hacer algo y no garantizarlo; al no haber meta institución estado que garantice,  lo que se proponga hacer tiene que estar garantizado por los mismos participantes de la asamblea.  Nos vamos dormir tarde, con el corazón contento y con la sensación de que algo de la trama está funcionando… 

V.-El domingo por la mañana y en las primeras horas de la tarde se presenta difícil para las mesas de discusión, no circula casi nadie, pero al cuartel general llegan  elogios de los que participan de las actividades que al ser puertas adentro no podemos apreciar. Me acerco a “Tiempo de Gitanos” (no nos quedamos atrás con los nombres en este barrio), para escuchar algo de la mesa que convoca a las demás asambleas barriales a debatir, está lleno, la gente escucha parada, son como sesenta personas; lo que escucho es parte de lo que hay, discursos muy armados, otros armados para que parezcan que no lo son, también mucha preocupación y verdadero sufrimiento en los que se alientan a continuar y a tener paciencia en la tarea, pienso otra vez en la velocidad, la impaciencia de la subjetividad militante, en la necesidad de producir un detenimiento de ese apremio Tengo que repartir plantillas, encuestas y volantes de mi asamblea, no puedo escuchar más, me encuentro con de una amiga de otra asamblea (de la Auto-convocada de Cultura y Salud Mental), que había dicho una vez que la consigna “que se vayan todos” era también para que se vaya de cada uno de nosotros la marca de esas subjetividades viejas.  Me queda resonando su comentario “es una cosa muy compleja esto de las asambleas”. Ya lo creo que sí, lo son, tanto que para pensarlas las produce como experiencias subjetivantes. Vuelvo a sentir que no nos alcanza el tiempo de la agenda para todo lo que se inauguró en los fines de diciembre.       

--Acá hay aparato, che, alguien o algo puso la guita, no puede ser-- dice el hermano (militante de izquierda) de una compañera de la comisión de cultura.

--No, acá hubo muchos que pusieron el cuerpo -- contesta otra compañera

--¡Qué maravilla todo lo que se puede hacer sin el estado! Me tira alguien que no sabe nada de lo que yo puedo pensar del estado, su agotamiento y demás… (me pregunto…¿Habrá leído Tony Negri?)

 VI.- Nos citamos en Niceto, la gente va entrando, no paro de saludar conocidos, pero debo volver a repartir planillas y encuestas, la gente las pide. La mesa debate tiene a casi todos su oradores. El tema de la mesa es “¿A dónde van las asambleas?” Empieza Cristina Feijóo, que es vecina del barrio. Compara con los 70, creo que recurre a algunas similitudes, pero no le sirve para explicar lo de hoy y lo dice, termina con el subcomandante y la cuestión de no tomar “el” poder; el estilo de lectura y de construcción del discurso le resta fuerza. Le sigue Bielsa, siempre prolijo, ordenado intelectualmente, no agrega mucho, polemiza con la consigna que se vayan todos, la califica de “divorcista”, ¿qué querrá decir? Se percibe su interés en no quedar afuera de estos fenómenos y juntarse con sus compañeros de mesa. ¿Cuál será el casamiento que propone? El Tato Pavlovzky tiene un escrito bien deleuziano, salpicado de Spinoza, sólo como él sabe hacerlo, sobre las prácticas de micropoder,  insiste en que éstas no son las pequeñas sino las que se dan por fuera de la representación. Pienso, que por más que lo repita, siempre escucho esa banalizada versión del micropoder, de hacer lo chiquito, me conecto con mis preocupaciones  teóricas, pero parece que a la gente presente en Niceto le llega y entusiasma cada vez que se sale del libreto y habla de lo latino- americano de nuestros sufrimientos.  Bonasso termina, en una arenga de orador entusiasta, llama a la “unidad” para, a diferencia del sub,  tomar el poder, (no entiendo si apunta a armar un frente electoral o no, el tema reaparece en las preguntas, cuando el Tato, que establece que no son tiempos electorales pero expresa su deseo de apoyar a Zamora, si hay elecciones). La pregunta no tuvo respuesta, algunos la esperaban. Pienso: ¿la tiene? Recuerdo a una jovencita de mi asamblea, que dijo: “Las asambleas no tienen que ir, ni van a ningún lado, hacen, su mérito es este: reunirnos así, como nunca lo hacíamos antes, almenos desde que yo recuerdo, me dicen que desde la dictadura”. Las asambleas no van para ningún lado, no son una organización, no tienen dirección, ni sé si constituyen un movimiento asambleario, así enunciado. Son o no son, cuando son  su logro es conectarnos de otro modo, ser y hacer  de otro modo.  

En la mesa los oradores continúan en sus lugares, donde veo más afectación, conmoción, alegría por el encuentro, comentarios entusiastas sobre lo que hicieron durante el día es entre los ya quinientos ocupantes de este boliche que por una noche parece otra cosa. El moderador de la mesa habla mucho, me pregunto por qué no aprovecha el clima de la mesa para producir el debate. Nos habíamos propuesto que no había discurso alguno de cierre, solo la fiesta y las entrevistas a los miembros de las comisiones de la Asamblea…Los que intervienen después del coordinador ya lo hacen tipo acto, no parece que se pueda producir debate… vuelvo a mis preocupaciones sobre los dispositivos, y las coordinaciones que produzcan nuevos posicionamientos subjetivos...Me sobresalta el sonido de lo tambores, que había visto llegar de distintos puntos del barrio, con los malabaristas y sus  fuegos, por suerte no llueve más que unas gotas. Entran las murgas, los tamboriles sonando en las manos de los jóvenes… empieza la fiesta…Aunque creo que para muchos ya había empezado mucho antes… en la alegría de estar haciendo algo, de estar juntos, de pensar juntos, los problemas que se presentaban. 

Algunos que se van: 

--¡Le quiero dar un abrazo, es el mejor domingo que pasé en varios años!! 

--¿Dónde estuvo? 

--En la mesa de las asambleas, por eso vine, yo soy de lejos, de la provincia;  pero me avisaron y me largué…después fui a la de los periodistas y después a esta… muy bueno, ahora hay que hacerlo en otros lados, es muy necesario estar así reunidos y nos mostraron que se puede. 

-- ¿Ud es de las organizadoras? Gracias, por lo que hicieron! ¿Cómo lo hicieron?, que trabajo!! Somos de la asamblea de… y estábamos medios bajoneados, queremos que nos expliquen… nosotros queremos aprender… 

--No creo que le podamos enseñar mucho, no somos expertos en estos eventos, podemos compartir lo que hicimos y pensarlo juntos.

Una trama empezó a funcionar en Palermo Viejo. Veremos como se la  trama cada vez, para otras tareas, para encuentros diferentes. Creo que esta forma de existencia, tan contingente solemos decir, tiene la misma fragilidad de las asambleas, es algo que debe  instaurarse cada vez, en cada momento en que nos conectamos, es un trabajo continuo esto de hacer sin estado. No hay descanso, no queda nada establecido pero algo nuevo funciona y, quizás, esa es la apuesta que nos hace ser otros, que esos que se tienen que ir.   

 


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