ALCA: la
economía norteamericana se toma el continente
Pascual Serrano
(Extractado de la revista El Economista de Cuba, mayo-agosto
2001 )
El ALCA constituye un nuevo peldaño de la ofensiva
económica de Estados Unidos por recolonizar Latinoamérica. Al
ser parte integral de la política globalizadora, de aprobarse
quedarían abiertas todas las compuertas para el saqueo
estadounidense y la desaparición de cualquier vestigio de
desarrollo autónomo industrial y agrario. Por ello, en todo el
hemisferio se alzan en su contra las voces de quienes
perseveran en su convicción y compromiso nacionalistas. En
esta ocasión se trata de una denuncia cubana, que publicamos
por recomendación de la Sociedad Colombiana de Economistas, a
la cual extendemos nuestro agradecimiento. Deslinde
El pasado 7 de abril, 34 ministros de comercio de países
americanos, con la excepción de Cuba, aprobaron en Buenos
Aires el calendario para poner en marcha la mayor zona de
libre comercio del mundo, el Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA). Los primeros pasos de este proyecto se
remontan a diciembre de 1994, con motivo de la primera cumbre
de las Américas, en Miami, cuando los ministros de Comercio de
todos los países americanos, también sin Cuba, se pusieron de
acuerdo en establecer una zona de libre comercio "desde Alaska
hasta Ushuaia" que incluiría a 34 países. Poco más fue hecho
hasta la cumbre de Santiago en abril de 1998, cuando se
estableció un Comité de Negociaciones Comerciales, encabezado
por el argentino Adalberto Rodríguez y conformado por los
viceministros de cada país. Este comité ha estado trabajando
desde fines de 1999 mediante reuniones llevadas con el mayor
secreto, a pesar de las repetidas llamadas de la sociedad
civil pidiendo una mayor transparencia y participación.
En secreto
Ese secretismo ha sido uno de
los elementos más sospechosos del acuerdo. Así lo han
denunciado las organizaciones que se pronunciaron en la
Segunda Cumbre de los Pueblos de las Américas en Québec, en su
declaración del 19 de abril y la Central de Trabajadores
Argentinos: "Ni los pueblos de la región ni el conjunto
diverso de organizaciones sindicales y sociales ni los
parlamentos han podido participar en los debates ni conocer el
detalle de la marcha de los acuerdos. Por el contrario, con
gran cinismo, los negociadores afirman que han tomado nota de
las recomendaciones del Foro Empresarial de las Américas y que
las mismas han sido aportes valiosos al proceso del ALCA. Así
los gobiernos se aprestan a firmar un tratado a espaldas de
los pueblos y que amenaza con profundizar radicalmente las
terribles consecuencias que depararon las políticas
neoliberales vigentes".
Este secreto también ha sido denunciado por intelectuales
como Noam Chomsky, quien afirmó en una entrevista a Radio
Habana Cuba que "en realidad no sabemos con detalle lo que se
está planeando, porque todo se mantiene en silencio. Hay
negociaciones que llevan años realizándose y el mundo de los
negocios si conoce bien lo que se ha estado tramando; también
los medios de información lo conocen bien, pero no se publica
nada. Si se hace una encuesta a la población en Estados
Unidos, probablemente ni uno en un millón haya oído hablar de
ésto. Realmente es impresionante la capacidad mostrada para
hacer que este asunto se mantenga en silencio durante tantos
años, sobre todo si se tiene en cuenta que detrás de ésto no
hay ninguna fuerza, sino que ha sido una decisión de los
propios medios corporativos privados la de guardar silencio
sobre el asunto".
El promotor de la iniciativa es Estados Unidos,
concretamente el ex presidente George Bush padre. Ahora su
hijo, asesorado por numerosos secretarios y consejeros
procedentes de la administración de Bush padre, pretende
cerrar el acuerdo antes de finalizar su mandato en enero del
2005. El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe
Pérez Roque, ha afirmado que "estas cumbres de las Américas no
son otra cosa que cumbres de Estados Unidos, ya que es este
país el que las diseña y organiza a su gusto". El argumento
esgrimido a favor del ALCA es que a través de esta área de
libre comercio se logrará también "el fortalecimiento de la
democracia en el continente y la creación de prosperidad y
desarrollo humano". Nada más alejado de la realidad, según
denuncian los diferentes movimientos sociales, desde
sindicales a medio-ambientales e indígenas.
TLC, el precedente
El precedente más claro de
este acuerdo es el NAFTA o TLC, el acuerdo de libre comercio
suscrito por EE.UU., Canadá y México en 1994. Desde su puesta
en vigor, como consecuencia de las importaciones provenientes
de los EE.UU. y de la devaluación del peso, un millón de
mexicanos más pasaron a ganar por debajo del salario mínimo y
ocho millones de familias han pasado a engrosar las bolsas de
pobreza. Se calcula, según las cifras manejadas por la
asociación ATTAC, que 28.000 pymes tuvieron que cerrar en
México tras la irrupción del NAFTA. En las zonas de
maquiladoras (empresas de ensamble industrial, en su mayoría
textil) a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México, el
incremento de la polución y los desechos químicos como
resultados de los términos comerciales del NAFTA, han
incrementado dramáticamente las tasas de hepatitis y otras
malformaciones congénitas. Recordemos que tan sólo 10 meses
después de la firma del tratado el 1 de enero de 1994, se
produjo la terrible crisis mexicana, denominada "efecto
tequila" que provocó la caída estrepitosa de los salarios. A
pesar de la recuperación en 1999, estos salarios seguían
siendo un 20% menores que antes de la crisis y la firma del
tratado. Pero tampoco el acuerdo trajo ningún beneficio a los
trabajadores norteamericanos. A ese lado de la frontera se
perdieron medio millón de empleos debido a la fuga de empresas
hacia México, donde los salarios son notablemente más bajos y
la legislación laboral más endeble.
El ALCA supone ampliar el modelo del Tratado de Libre
Comercio de Canadá, EE.UU. y México a todo el continente,
ignorando la situación de desigualdades desde las que se parte
y sin la creación de ninguna medida de redistribución regional
de la riqueza, al estilo de los fondos de cohesión creados en
la Unión Europea. Los delegados de la Segunda Cumbre de los
Pueblos de las Américas han recordado que de los 800 millones
de personas que integran la población afectada por el ALCA,
quinientos viven en América Latina y la mitad de ellas se
encuentra en situación de pobreza. Frente a ello, el ochenta
por ciento del peso económico del continente lo tienen Estados
Unidos y Canadá, quienes poseen el capital, la tecnología y
las patentes. Sólo el PIB de EE.UU. representa el 71% de todo
el hemisferio. América Latina no sólo no posee infraestructura
ni tecnología, sino que cuenta con una deuda externa de
792.000 millones de dólares. Si exceptuamos a Brasil, todos
los demás países de América Latina suman sólo el 12,30% del
PIB del continente. El futuro tampoco parece muy halagüeño. La
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
expresa en su proyecto Panorama Social 1999-2000 su temor:
"todo parece indicar que en estos países la tendencia a la
reducción de la pobreza observada en los años noventa se verá
interrumpida y en aquellos en los que la recesión fue muy
intensa se puede prever que se producirán aumentos en los
porcentajes de hogares en situación de pobreza". Ni tan
siquiera las cifras macroeconómicas son favorables: de 1997 a
1999 la tasa de variación del Producto Interior Bruto (PIB)
por habitante pasó del 3,7 al –1,06 por ciento. Cada una de
las pequeñas o grandes crisis sufridas por los países de
América Latina ha empeorado un poco las condiciones de vida de
sus habitantes.
No somos iguales
Es imposible pensar en un
mínimo de equidad entre países cuya renta per cápita oscila
entre los 30.600 dólares en EE.UU. y los 430 en Nicaragua. Por
ello, algunos presidentes latinoamericanos, en especial el
brasileño y el venezolano, han expresado sus reservas al ALCA.
Hugo Chávez declaraba en el diario El Universal de Caracas que
"No podemos hablar de un acuerdo de libre comercio tabla rasa,
donde nos midan a todos por igual. ¿Cómo se podría comparar
Haití con Estados Unidos?, para poner el ejemplo más extremo
–se preguntó. Esa es una reserva que nosotros tenemos sobre la
declaración; ya veremos si la mantenemos o no. Yo no puedo
comprometerme para que el 31 de diciembre del 2005 entre el
ALCA en vigencia para Venezuela".
No lo va a tener fácil Estados Unidos para llevar adelante
el ALCA. No sólo por las complejidades del proyecto, sino por
la fuerte oposición de dos gigantes latinoamericanos: Brasil y
Venezuela. Ambos países saben que a pesar de la firma de
Buenos Aires, queda suficiente por delante como para ir
pisando el freno sin irritar excesivamente a Bush. El periodo
más decisivo será el comprendido entre mediados del 2002 y el
2004, con el objetivo de que el ALCA sea una realidad el
último día del 2005, es decir, el 2006. Ya sólo estas fechas
suponen un fracaso a las pretensiones norteamericanas que
buscaban ponerlo en marcha el primer día del 2003. Por su
parte, Venezuela ya ha expresado su intención de integrarse en
el Mercosur, un acuerdo regional que si bien está avanzando
con muchas dificultades, no es del gusto de Washington. Y
aunque EE.UU. amenace con responder a los retrasos con la
ampliación del TLC a países como Chile, Bolivia, Colombia o
Uruguay, nunca se podrá hablar de libre comercio en América
sin contar con Brasil y Venezuela.
Las razones contra el ALCA
¿Pero qué elementos contiene
el ALCA que generan esa preocupación en los pueblos
latinoamericanos? ¿Cuáles son esos contenidos que tanto les
angustian?
La creación del ALCA, al igual que el fallido Acuerdo
Multinacional de Inversiones (AMI) que chocó con la oposición
de la opinión mundial, y la Ronda del Milenio de la
Organización Mundial del Comercio, boicoteada por miles de
activistas en Seattle en noviembre de 1999, forman parte de
una agenda global de liberación del comercio que ha tenido, en
donde se ha aplicado, a las grandes corporaciones
transnacionales como grandes ganadores, a expensas de la gran
mayoría de la población, el medio ambiente y la equidad
social. Algunos puntos del ALCA están calcados del AMI; por
ejemplo el que declara que los inversionistas podrían exigir
compensaciones y demandar a los Estados en caso de guerra, de
revolución o de conflicto social, lo que según los expertos
supondría que una empresa podría demandar a un gobierno y
reclamar compensaciones en caso de una huelga en su contra.
Los Estados tendrían, por tanto, como función primordial no
velar por unas adecuadas condiciones de vida de los
ciudadanos, sino por las mejores condiciones para el
desarrollo y enriquecimiento de las corporaciones,
compensándolas si no lo consiguiera.
El objetivo de asegurar la más absoluta libertad al capital
para moverse a nivel continental significará, como lo señala
la experiencia más reciente, una tendencia a la baja de los
salarios y las condiciones laborales. El ejemplo más elocuente
de lo que les augura el ALCA es la terrible situación que
sufren las trabajadoras de las maquilas en México: sueldos por
debajo del salario mínimo, jornadas laborales de más de 12
horas, ausencia de amparo legal, limitación de los derechos
sindicales, condiciones insalubres de trabajo, trabajo
infantil. Por otro lado, los efectos de la libre importación
de mercancías amenazan con condenar al sector industrial local
a una completa desaparición, profundizando así los altos
índices de desempleo que ya castigan a estos países.
Los gobiernos no podrán impulsar estrategias de desarrollo
y seguirán compitiendo por bajar más los salarios, degradar
las condiciones de trabajo o los estándares ambientales, con
la esperanza de atraer las deseadas inversiones. El proyecto
del ALCA se extiende además a los servicios, comprometiendo a
los Estados a velar por el derecho de las empresas a
prestarlos. Esto abre la posibilidad de privatización en áreas
socialmente delicadas donde aún no ha tenido lugar, en
sectores como la educación, la salud o el servicio
penitenciario, tal y como ya ha sucedido en EE.UU. También se
excluye expresamente revertir las privatizaciones ya
realizadas. El principio general es transformar los servicios
sociales en mercancías, cuyo acceso quede regulado por la
capacidad individual de pago. Por otra parte, permitirá que
las empresas, como ya ha ocurrido en Canadá y México, exijan
las mismas exenciones y privilegios con que cuentan los
organismos públicos que los prestan.
El ALCA impondrá la eliminación de las barreras
arancelarias y la prohibición de cualquier política estatal
destinada a favorecer el uso de bienes nacionales o
privilegiar cualquier forma de desarrollo local o sectorial.
También impondrá la obligación de abrir las compras o
contrataciones del Estado a todas las empresas del continente.
Todo ello amenaza con condenar a la desaparición a las ya
golpeadas medianas y pequeñas empresas, así como profundizar
la desindustrialización de las economías nacionales.
Además, los términos del ALCA están redactados a medida de
EE.UU. Veamos algunos ejemplos. Dado que la agricultura sería
el principal sector norteamericano en desventaja en una
economía regional sin barreras, la existencia de subsidios a
este sector será una excepción gracias a la cual EE.UU. podrá
mantener artificialmente mediante sus subsidios de 80.000
millones de dólares anuales la competitividad de su
agricultura y evitar las importaciones de los países
latinoamericanos.
Si bien la supresión de los límites comerciales contemplada
en el ALCA arrasa con cualquier medida o legislación laboral o
medioambiental, existe un derecho que sí se respeta en el
ALCA: el de la propiedad intelectual. Detrás de este
aparentemente loable respeto no hay otra cosa que el objetivo
estadounidense de mantener la patente y la exclusividad en la
producción de medicamentos, adueñarse de las patentes de los
recursos fitogenéticos del continente y mantener su monopolio
sobre las tecnologías de punta. Iniciativas como la de Brasil
de producción de medicamentos genéricos contra el SIDA más
baratos y con mayor posibilidad de acceso para los sectores
más empobrecidos, supondrían un incumplimiento del ALCA y le
obligarían a indemnizar a las multinacionales propietarias de
patentes. El derecho de propiedad intelectual y patentes
también supondrá todo un negocio para las multinacionales de
la biotecnología, quienes verán aprobados sus productos
transgénicos y garantizarán su monopolio en la producción y
distribución de semillas, fertilizantes e insecticidas. Los
productos transgénicos no producen su propia semilla, los
campesinos deben adquirirla para cada cosecha a la
multinacional productora o propietaria de la patente.
Los Estados se obligan a poner los recursos naturales (en
especial el petróleo) a disposición del "accionista
mayoritario". Puesto que en una economía neoliberal el Estado
se verá obligado a la privatización de cualquier recurso
natural que todavía tenga en sus manos, el accionista
mayoritario siempre será una multinacional, y ésta, según el
acuerdo de libre comercio vinculante a los países del
continente, sólo podrá ser Norteamérica.
Como dice Guillermo Almeyra en el diario mexicano La
Jornada: "En este contrato desigual América Latina pone la
riqueza y, mediante la exacción constante y creciente de
enormes sumas por concepto de pago de la deuda (de tributo al
capital financiero), da el dinero a Estados Unidos para que
exploté las riquezas ajenas y se apropie de ellas en nombre
del desarrollo compartido. Los ferrocarriles, canales, caminos
son las venas de un sistema. Por ellos no sólo circulan las
mercancías, sino también las personas, las ideas".
No es libre comercio
El ALCA terminará siendo una
agresión a la voluntad popular y a las instituciones
democráticas en cuanto que todo intento de regulación estatal,
aunque esté fundado en criterios de desarrollo económico local
o nacional, progreso social, bienestar de la población o
protección del medio ambiente, puede cuestionarse con éxito
por el capital, como lo demuestra la experiencia del NAFTA. En
ese sentido las cláusulas del ALCA impondrán, desde hoy y
hacia el futuro, un verdadero corsé a la voluntad de la
sociedad y al propio funcionamiento de las instituciones
estatales.
La declaración de la Segunda Cumbre de los Pueblos de las
Américas, aprobada el 19 de abril, concluye afirmando que "El
proyecto del ALCA es un estatuto de derechos y libertades para
los inversionistas, consagrando la supremacía del capital
sobre el trabajo, transformando la vida y el mundo en
mercancías, negando los derechos humanos, saboteando la
democracia y socavando la soberanía de los Estados".
Lo que está detrás del ALCA, según ha denunciado el
economista uruguayo Daniel Olesker, es «reducir las
posibilidades de los países del Sur de comprar a quien le
ofrezca mejores precios, marginando en los negocios a la Unión
Europea y a la totalidad de los países del Asia, cuyas
producciones serán aceptadas sólo si sortean fuertes
aranceles, pero que los harían igualmente no competitivos por
los fabricados por las empresas inversoras norteamericanas.
Por supuesto que también con el ALCA en marcha se liquidarán
las alianzas que se están intentando desde Europa con diversas
áreas económicas que se están desarrollando en Latinoamérica,
como el Mercosur".
En la misma línea están los comentarios de Noam Chomsky:
"No se trata de un área de libre comercio. Los que se hallan
enfrascados en su diseño no están a favor del libre comercio.
Si lo estuvieran, todo se podría recoger en un documento de
una sola pagina. Sin embargo, de lo que se trata es de una
serie de documentos muy detallados que son una combinación de
liberación con proteccionismo, que de hecho en su mayor parte
no se refiere a nada que pueda considerarse comercio. Más bien
digamos que se busca introducir cosas como precios
monopolísticos de los productos, de los propios medicamentos.
Por ejemplo, las nuevas propuestas están dirigidas a permitir
a estas tiranías privadas –las corporaciones– el control sobre
los servicios, la salud, la educación, el agua, los asuntos
relacionados con el medio ambiente. Eso nada tiene que ver con
el comercio y sí mucho que ver con las transferencias de poder
de manos del Estado, del pueblo en tanto pueda estar
representado por el Estado, a manos privadas. Esto no tiene
nada que ver con el comercio y estamos hablando de aspectos
centrales del llamado Acuerdo de Libre Comercio de las
Américas".
El futuro de América Latina bajo el ALCA lo dibujó Fidel
Castro en su discurso del 1o. de mayo: "Las naciones
latinoamericanas estarían llamadas a convertirse en enormes
zonas francas que no pagan impuestos, o sólo muy reducidos.
Tal vez reciban un número mayor de turistas norteamericanos
que viajarán por el inmenso territorio de Centro y Sudamérica,
que se alojarán en hoteles norteamericanos, viajarán en líneas
aéreas o en cruceros norteamericanos, utilizarán servicios de
comunicación norteamericanos, comerán en restaurantes
norteamericanos, comprarán en tiendas norteamericanas
mercancías producidas por empresas norteamericanas con
petróleo y materias primas latinoamericanas".
Frente al ALCA ya con motivo de la Segunda Cumbre de las
Américas en Santiago de Chile en 1998, se realizó la cumbre de
los Pueblos de las Américas. En esta cumbre convergieron
diversas organizaciones y movimientos sociales de todo el
hemisferio, para expresar su rechazo colectivo a la agenda
neoliberal dominante en el proceso del ALCA. La Cumbre de los
Pueblos se centró en la construcción de una Alianza Social
Continental en torno a alternativas concretas y factibles al
modelo neoliberal de integración económica al servicio de las
grandes corporaciones transnacionales. Ante el ALCA, la
Alianza Social Continental pretende construir una alternativa
con base en las propuestas y la fuerza colectiva que emanan de
las organizaciones sociales de toda América.